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Cómo establecer una rutina de descanso: consejos basados en evidencia para dormir mejor en Buenos Aires
Lograr un descanso consistente y reparador requiere un enfoque estructurado tanto del entorno como de los hábitos nocturnos.
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Para los porteños, encontrar el equilibrio entre la vibrante vida social de la ciudad y la necesidad biológica de dormir profunda y reparadoramente es un desafío cotidiano. Establecer un ritmo regular de sueño y vigilia es la base de una recuperación saludable. Según diversas investigaciones, mantener el mismo horario todos los días, incluso los fines de semana, ayuda al organismo a sincronizar su reloj interno y favorece un ciclo de descanso más estable.
Cómo optimizar el entorno para dormir
El espacio físico donde descansamos influye de manera determinante en la calidad de la recuperación del cuerpo. Para favorecer un sueño más profundo, lo ideal es mantener el dormitorio oscuro, silencioso y a una temperatura agradable, preferentemente de entre 18 y 20°C. Este ambiente reduce el estrés fisiológico y acompaña la transición natural del organismo hacia las etapas de sueño más profundo, tal como indican las guías de salud oficiales.
Cómo ajustar los hábitos nocturnos
Lo que consumimos durante las horas previas a acostarnos influye significativamente en la calidad del sueño. Se recomienda evitar la cafeína, el alcohol, la nicotina y las comidas abundantes al menos entre 2 y 3 horas antes de dormir. Optar por una cena liviana y elegir leche caliente o una infusión de hierbas puede ayudar a enviarle al cuerpo la señal de que es hora de relajarse. Asimismo, conviene reducir la exposición a pantallas 90 minutos antes de dormir. Reemplazar los hábitos digitales por una rutina relajante previa al sueño —como leer, escuchar música suave o darse un baño caliente— puede mejorar la capacidad de conciliar el sueño de forma natural.
Cómo manejar el insomnio y las siestas
Si después de 15 a 30 minutos no logramos conciliar el sueño, resulta más efectivo levantarse de la cama y realizar alguna actividad tranquila y de baja estimulación hasta volver a sentir sueño. Para quienes necesitan dormir siesta durante el día, es fundamental que no supere los 30 minutos y evitar hacerla después de las 15 horas, para no afectar el descanso nocturno. Al adoptar estas prácticas basadas en evidencia, es posible contribuir a la salud y el bienestar a largo plazo. Ante problemas crónicos de sueño, la consulta con un profesional de la salud sigue siendo la medida más recomendable.